martes, 20 de abril de 2010

Insomnio

Las ganas de abrazar a Morfeo
son deseos que no leen mis ojos.
La oscuridad ya no me cobija
ni los sueños visitan mis noches.
Dónde está el cansancio que abraza
los párpados, extenuados de atestiguar el día.
Dónde el cuerpo inmóvil, arrullado
por el croar agudo de la misteriosa noche.

Madrugada de palabras con Morfeo,
discrepo hondamente en uno de sus puntos;
el descanso postrero, el inevitable sueño eterno.
El que abraza vidas con largos brazos negros,
el que súbitamente corta los hilos mortales;
travesuras de las parcas y sus tijeras inmemorables.
Los cuerpos se desvanecen entre una densa bruma
para caer en los huesudos brazos de la muerte.
La calavera tiene en sus dientes la última palabra.
El final, sueño mudo como su sonrisa hueca.

Morfeo canta para que me duerma
pero sucede que hace ya mil noches
sus brazos no seducen mi cansancio.
Las ganas de abrazarlo no son sufiecientes,
deseos una y otra vez derrotados
por el estado de vigilia,
por las largas visitas
de ese cuervo que se posa
con su pluma maldita
sobre los cristales de mis ojos.

original de janos65

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