martes, 20 de enero de 2015

Entre algodones

Siempre hemos vivido entre tus algodones
perfumados con alcohol de farmacia
y esperma de vela manchando la madera
Allí hemos estado escuchando tus cuentos,
en la oscuridad, entre susurros mortales
Luego tu ausencia
su ausencia
el abandono
Hicieron muchos para que no estuviéramos solos,
pero aun así lo estábamos
Cada quien en su cuarto o sin éste
Uno ausente,
otro ausente,
una ausente
dos presentes
con sus escasas cosas
en un mismo cuarto bajo el suelo
En las noches sus voces inventaban
distracciones tontas para hacerse compañía
en la oscuridad del abandono
Siempre vivimos entre algodones
lejos de las oraciones
No había mucha fe bajo aquel techo de tres niveles
pero Cristo entraba en el pecho
de eso se trata creer
aunque nunca lo hubieses visto
aunque nunca la iglesia fuese tu templo
había en tu pecho una luz, un secreto
La usencia fue una crianza
Niños eternos condenados a no ser tutelados
ni supervisados
arrojados a las fauces de los corazones oscuros
de los hombres de mal de la cuadra
de las mujeres infelices tras las puertas de los apartamentos perfectos,
esos eran los vecinos que arrojaban algodones al frasco de cristal
Reían morbosamente entre dientes
Espiaban levantando láminas de las persianas
esperando una falla
un dedo largo atravesaba sus paredes
y señalaban,
-allá van los errores que viven entre algodones-
Pero el tiempo pasa,
el alcohol se evapora
la esperma de las velas pierden su color
y las manchas desaparecen
los malos corazones mueren
y las mujeres infelices
fallecen con sus corazones tristes
y una mentira enterrada con ellas para siempre

Juan Csernath

20.01.2015

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