martes, 27 de abril de 2010

El muelle de los Pelícanos


I
Un corto muelle que acaricia una mansa playa
donde en las tardes reposan los picos y alas;
defecan las aves, todo es una mancha blanca,
olorosa bosta marina de sardinas y sal.

Ambos nos sentábamos sobre los obsequios
de los intestinos de las graciosas aves marinas,
y bautizamos a aquél lugar, a ese muelle,
con el deshonroso, y hasta jocoso nombre;
El “Pupú de Los Pelícanos”

II

Tu cuerpo derramándose sobre el muelle,
tu piel aniñada dorándose.
El niño boya, flotando, brillo muy blanco,
calcinándose bajo el rubio botón incandescente.

Camarones que van y vienen.
Mariposas de mar bailaban bajo el muelle
y los erizos asomaban sus negras púas.
Los cangrejos corrían al vaivén de las olas
y todo esto transcurría en el corto muelle,
el que penetra, hoy todavía, en la mansa playa
con los dientes de madera, de tablones
que se resisten al embate del bravío mar.

III
Sobre la seca superficie del muelle
donde defecan las aves de mar,
donde se quemaron nuestros sueños
y se hundieron como estrella muerta;
reposan todavía y por siempre en el fondo
del apacible mar del corto muelle,
las voces,  los juegos de promesas,
donde cada tarde continúan posándose
los Pelícanos que defecan
sobre aquellos sueños
del corto muelle que acaricia al mar.

original de janos65

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