domingo, 23 de mayo de 2010

Torre de ladrillos

Existían, entre el cielo de tu ventana y la mía,
frágiles pero filosas picas de cristal,
un vasto campo forrado de trampas y minas,
un intrincado laberinto custodiado por celosos cíclopes
y una decena de vigilantes ojos sádicos;
perros guardianes de los pasos de dos vidas.

En la torre de ladrillos un gran can, el cancerbero,
el Hades de poderosa mandíbula, y en el cuello:
Un cencerro de rojo metal con sonido de apellido paterno;
señal de alarma en el umbral de la entrada de los sueños.
Portal de nubes reforzado con una colosal infantería.
También soldados de fuego montando toda su artillería,
caballería de negra osamenta mostrando todos los dientes,
armamento del inframundo que intentaba desanimar
el acto de terquedad de un niño que ningún peligro mortal ofrecía.

¡Derribar con palabras esa torre de cristal!
donde el cancerbero espera para escupir peste negra.
Quería el gran cíclope encarcelar de por vida
a la pequeñita muñequita de cristal
y al no lograr su propósito y apresarle con sus garras,
optó por malograr, hasta que la muerte le llegue,
sus buenas mañanas, sus tranquilas tardes, sus azules días.

Hoy sus lágrimas caen como quebradizos diamantes.
Bautizan su rostro y riegan su pecho con gotas de desdichas.
Ha caído la niña en brazos de un bufón que no estima su vida,
ni su valía ¡No conoce el pasado aguerrido de sus besos!
y ha convertido su cuerpo en una infranqueable torre de ladrillos,
la misma que aún sigue de pie separando tu ventana de la mía.

original de janos65

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