lunes, 31 de mayo de 2010

La muerte en los ojos

Un niño volaba como un trapecista
Sin circo, payasos, ni redobles de bateristas
Su cuerpo, como una bala de salva, por el aire silbaba
y cuando su acto, sin risas de payasos, en el suelo terminaba,
no recibió oavciones, ni siquiera un aplauso,
menos dulces de mentitas que aliviara su dolor,
que borrara su pena porque nadie le salvaba.

De un golpe horroroso, como la mano de diez padres monstruosos,
fue el golpe de un mazo mortal que lo mandó a un hondo pozo:
ausencia, descuido, mala pata y un sabor metálico asqueroso,
estaba en su destino no deleitar a nadie más con sus gentiles alborozos.

El niño en el suelo como un gato muerto y como testigo el cielo;
le observaban angustiado nubes sin ojos sin poder darle consuelo.
Llamaba a su padre con voz quebradiza,
con ojos vidriosos, mirada extraviada,
amainaba el brillo de su corazón,
su suerte no tenía cuatro hojas de tréboles.
Su alma ya estaba ausente
entre botones de sangre y quejidos de muerte.

Un niño volaba como un trapecista,
sin carpa, payasos, ni redobles de bateristas.
En su único gran acto, como bala de circo, se le iba la vida
porque un incauto de un golpe regó sus sueños de caramelos,
al regalarle un trébol negro y un boleto sin regreso.

Juan Csernath

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