lunes, 13 de septiembre de 2010

Una lágrima pegada a sus huesos

una lágrima pegada a sus huesos


Hay un hombre jugando con el final de sus días

Sus horas tienen una calle sin salida

y una banca donde reposar y cabecear su soledad.

Espera sentado en un porche donde el atardecer lo mira a él;

triste, pensativo, meditabundo, derrotado, pintando en el aire una despedida.


Hay una lágrima pegada a sus huesos.

Son sus años mozos, los que anhela, y piensa en ella, en los besos.

Los que se dieron y los que no, el fuego que crepitaba en sus vellos,

las serpientes seductoras acariciando cada sensación

que hacían estallar los geisers represados en los diminutos poros,

los que levantaban los obelisco de vapor de su imaginación.


Hay un hombre en estado somnífero, balbucea un nombre, verdad inconsciente,

y comienza dentro de la cabeza ya perdida su peregrinación.

Camina arrastrando los pies, como los pies de lacerados presos.

Su alma está atada a cadenas de recuerdos, culpas y grilletes,

y una lágrima muy sentida por siempre pegada a sus huesos.



original de janos65 – juan csernath

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