domingo, 22 de noviembre de 2009

Espantapájaros urbano

Se levanta el día con una sirena,
cielo pálido, azul replegado,
anuncio de tormenta.

El viejo bigote va con su cepillo barriendo calles.
El viento sabotea labores de limpieza,
quiere hojas y papeles
en los espacios vacíos de la ciudad
de vidrio y cemento.

Brazos que giran como molinos impulsados por el viento.
Un hombre se queda sembrado en el pavimento,
es un espantapájaros asustando las mariposas del cielo.
Saluda efusivamente,
todos huyen de él.
No se mueve,
está atornillado al cemento de la urbe.
A lo lejos se avista su hogar,
imagina una corbata de humo ascendiendo al cielo,
anuda nubes en la camisa blanca de la oficina.
Se apaga el día, todos se van,
el espantapájaros sigue atornillado al suelo.

El pálido día da paso a la gélida noche,
ojos azules no abiertos.
Cuervos levantan vuelo al amanecer del gris día,
los tornillos helados están aferrados a la jungla de vidrio y cemento.
Observa cómo los pájaros emigran,
los señala con un dedo
pero en él no se fijan.
Baja su cabeza,
entierra su mirada en el subsuelo,
sus ojos se convierten en dos agujeros,
se enseñoran los umbrales negros.

Regresan los pájaros de su día,
eleva la mano,
extiende su palma generosamente,
en él ni se fijan.
La luna brilla de nuevo,
celosa de los hermosos ojos del cielo negro,
genera más potencia, sube su energía
y se funde, la noche es oscura,
fiesta, alborozo de espantos y diablillos.

Amanece otro día gris,
a sus pies ha caído un pájaro enfermo,
a pesar de sus grilletes puede recogerlo
y el pájaro le susurra
cuánto temen al espantapájaros de cemento.

Llora el hombre atrapado en sus propios fueros,
Vive dentro de límites que no van más allá del alcance de sus brazos.
Imagina poder llegar hasta su hogar,
abrazar al niño, ponerlo en su regazo
pero su mano descubre que es su propio arte ego.
El que allí duerme, un viejo enfermo, macilento,
con la vida cubierta de una pátina de cemento,
¡es él!
Escapa de nuevo a su encierro,
la noche cae,
la luna brilla de nuevo
y los que le temen,
humanos, alados emplumados,
vienen a quemarle,
porque él es un alma en riesgo.

Se encarama en su propia torre de piedras,
le pasa llave a su cabeza.
Avanza la bandada del odio,
los del terror ciego,
dueños de los umbrales negros.
Les prenden fuego a su celda.
Arde su vida,
arde su sueño,
ya no llegará a casa,
ya no clamará por los pájaros en vuelo.
Y mientras se quema en su propia desgracia,
alimenta las llamas con su voluntad de paja,
perece atornillado, atrapado para siempre,
triste espantapájaros en la jungla de vidrio y cemento.


original de Janos65

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