martes, 26 de junio de 2012

Tres abandonos, una declinación y dos ovejas trasquiladas

El gigante está de pie en el medio de la sala
Arrojando puños los brazos ahora son muñones
Las voces son balas que destrozan huesos
Son uñas que desgarran la piel
A cincuenta metros de distancia hay un castillo
Una ventana,
una cortina muy delgada
una niña en camisón
No tiene corona de princesa
pero está dibujada en el cuento que nadie lee

El gigante está de pie arrojando aceite desde la garganta
El piso está resbaloso pero no cae
El gran hermano se viste de armadura pero no resiste la fuerza destructora
Se ha marchado de casa, tras él, dos más siguen su ejemplo
Solo quedan el último y el del medio
sentados sobre un frío suelo, el tablero de los juegos
Encerrados tras la rejas pasan cosas extrañas
Situaciones bizarras, llamados desesperados
La flama del hogar hace tanto se apagó
No hay fuego al final de la tarde
Ni luna de plata asomada en las ventanas

El gigante se ha marchado dejando tras de sí, su obra y sus destrozos
Tres abandonos, una declinación a ser esperanza
y dos ovejas trasquiladas

A la distancia hay un castillo de ladrillos
Una ventana con fina cortina
Estampa con piel hermosa y delicada
Enciende una llama en los sueños
Puede haber, a pesar de los malos sucesos, un beso y un mañana
Alguien leerá el cuento dónde ella está dibujada
No hay corona ni princesas, solo lágrimas de plata,
ruta de espinas, lobos y balas

Tres abandonos, una declinación a ser esperanza
y dos ovejas trasquiladas

Juan Csernath
26 junio 2012

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